Cómo controlar las emociones de forma efectiva

¿Alguna vez has sentido que tus emociones te hacen perder el control? Por servirnos de un ejemplo, en lugar de sentir ira, te transformas en ira, te da un ataque de furia en el que chillas, te pones colorado y prácticamente ya no eres mismo. Lo peor es que solo cuando la ira se desvanece es que te percatas de que te pasaste de la raya. Mas ya el mal está hecho.

controla las emociones

El interrogante es, ¿se puede eludir que esa ira inicial que aflora en ti, se apodere absolutamente de tus acciones? Y no hablo solo de la ira, lo cierto es que esta pregunta aplica asimismo para cualquier emoción destructora como la tristeza, los celos, el temor, la envidia o bien cualquier otra. ¿De qué manera conseguir que no sea “demasiado tarde” cuando esas emociones aparecen con su fuerza?

Hay múltiples formas de trabajar este inconveniente. El primero es entender que las emociones negativas tienen una función evolutiva esencial y muy frecuentemente nos resguardan de riesgos exteriores. Por servirnos de un ejemplo, si no sientes temor cuando ves que un león se escapó de su jaula y está a puntito de saltar sobre ti, algo está mal. El auténtico inconveniente ocurre cuando parte del cerebro llamada amígdala se activa con demasiada sencillez y por periodos prologados de tiempo. Entonces ahí es en el momento en que nos toca enfrentar inconvenientes como la ansiedad, la depresión y las contrariedades para supervisar la ira.

Si no aprendemos a captar ese instante en el que estamos a puntito de ceder el mando y transformarnos en esclavos de nuestras emociones, proseguiremos viviendo lo mismo. Es decir: capítulos en los que chillamos cosas en una cena familiar o bien montamos escenas de las que nos arrepentimos. Tan fuerte puede ser el poder de las emociones que en ocasiones ni tan siquiera recordamos meridianamente lo que pasó por el hecho de que actuamos sin ser verdaderamente mismos. Ahora bien, en la práctica: ¿qué se puede hacer para manejar situaciones como esta? La estrategia más eficaz para conseguirlo es hacer un ejercicio de atención. En un largo plazo reduce el tamaño de la amígdala y te deja sostenerte en control cuando tus emociones negativas conminen con cegar tu capacidad de contestación. ¡Ojo! No se trata de que la emoción perjudicial desaparezca, eso no es posible. Las emociones son de humanos. Se trata de que no tome el control sobre ti y tus acciones.

El ejercicio consta en 3 partes: La primera cosa que debes seleccionar es cuál es la emoción negativa con la que más inconvenientes tienes. Cuál es la que te produce mayor enfrentamiento. La idea es estar atentísimo a esa emoción particular a lo largo de todo el día a fin de que puedas apreciar cuales son esos instantes concretos en en los que empieza a hacer su aparición. Cuando lo haces, debes aceptar el papel de observador, o sea, tomar nota de todo cuanto pasa en tu ambiente y en ti alén de lo que sientes. La idea de hacer esto es que vas tomando consciencia de cuáles son esas situaciones que despiertan esa emoción negativa en ti a fin de que puedas tomar el control antes que se desarrolle y se apodere de tus acciones.

Por servirnos de un ejemplo, es posible que toda vez que hablas con X persona, sientes que sus comentarios impertinentes te hagan sentir saña. O bien quizás te pasa que el tema político en asambleas… sientes que te altera. Obviamente uno no puede pronosticar el instante preciso en el que una emoción se marcha a enseñar, mas sí puedes advertir cuando cuando empiezas a sentir esa inseguridad, ese malestar… Ahí es que debemos estar atentos y poner toda nuestra atención. ¿Qué pasará? Irás creando como un especie de radar sensible. Ese radar te va a valer para advertir los instantes en los que esa emoción empieza a surgir esa emoción que es conflictiva para ti.

En el momento en que te habitúas a mirar el radar y estás pendiente de los desmandes, entonces eres más capaz de hacer la segunda una parte de este ejercicio. ¿Cuál es la segunda parte? Es sencillísima. No debes hacer nada. Tú afirmarás, ¿mas de qué forma es eso? Sí. La segunda parte consiste en no actuar esa emoción. En el caso de la ira es bastante sencillo: si notas que la ira está medrando en ti y ya tuviste éxito en identificarla (“estoy molesto, tengo ira”), ya lo sabes, lo que debes hacer ahora hacer un esmero consciente para no cultivar esa emoción, o sea, no la vas a actuar. Por ejemplo: en lugar de chillarle a la otra persona en el otro carro que se te atravesó, como acostumbras a hacer, te quedarás apacible.

Esta vez no vas a bajar el vidrio y chillarle a una persona, no vas a llamar telefónica, no harás nada. No actúes la emoción. Decide que esa emoción no va a tomar el control sobre ti y te sostienes en tu centro. Sentirás la emoción, sí, perfecto. Mas no la vas a actuar. La tristeza, bueno, es un tanto más vaga… Si te dan ganas de plañir, bueno, no lo puedes refrenar, lloras. Mas la idea es que evites nutrirla. Por servirnos de un ejemplo, si acabaste con tu novio y te sientes muy mal, la manera en que puedes dejar de actuar la emoción es eludir de estar hablando todo el día de lo que te hizo, contándole a múltiples personas, buscando en Fb a ver qué hace, descubriendo con otras personas… Nada de eso. Debes hacer un auténtico trabajo de autocontrol y eludir esas acciones que van a proseguir nutriendo esa emoción perjudicial. Hacer esto de forma constante hará que, con el tiempo, la emoción negativa gradualmente se reduzca en intensidad y en frecuencia. Y quede en tu control. Recuerda que la idea no es que desaparezca, sino estés en control.

Por último el tercer paso del ejercicio es enfocar tus pensamientos en otras cosas (positivas) para no proseguir cultivando la emoción negativa. Cualquier acción que desees es válida: irte a la playa con tus amigos el fin de semana, ordenar tu biblioteca y adecentar cada libro por libro, ordenar tu joyero, salir a trotar, lo que desees. Debes ponerte labores concretas que demanden tu concentración y también impidan que esa emoción cobre más fuerza. La idea es que mediante la práctica de la atención, tomes el control de tus pensamientos y actos y escojas actividades que te asistan a sentirte bien, o bien por lo menos un tanto mejor.

El proceso es gradual, recuerda. De este modo restas atención a la emoción inconveniente a fin de que reduzca su intensidad. Otra estrategia que te puede asistir a manejar esta tercera con un poco más de sencillez es hacer ejercicios de aseveraciones. Lo único que debes tener en cuenta es que no puedes emplear expresiones que verdaderamente no te creas. Aseveramos cosas que verdaderamente nos podamos pensar de corazón. Por servirnos de un ejemplo, no vas a aseverar cosas como: “Todo está fantástico, nada me perturba” por el hecho de que eso, si te sientes mal, no te lo creerás y será realmente difícil que de este modo pueda tener un efecto positivo. Más bien es posible que resulte entonces en todo lo contrario; te sentirá más frustrado y eso no te ayudará. En cambio si afirmas cosas como: “Yo tengo control sobre mis actos, puedo solventar esta situación”, vas a estar considerablemente más cerca de activar la una parte de ti que está presta a buscar soluciones y por tanto vas a conseguir sostener el control. Reconocer que no estás en tu mejor instante asimismo es esencial por el hecho de que la enorme mayoría de las explotes sensibles ocurren justamente cuando tratamos de resistirlas. Y no se trata de negar ni resistir la emoción. Nuevamente: se trata de que no tome el control.

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